sábado, 4 de febrero de 2012

GOOGLE Y NUEVAS TECNOLOGÍAS, ¿CONTROL EN NOMBRE DE LA LIBERTAD? Oscar Beorlegui / El piloto suicida


Así se chateaba antes de Google

La vida antes de Google, qué entelequia; o antes de que el capitalismo, de forma masiva (‘porno’ y descargas gratuitas mediante) introdujera Internet y los ordenadores en nuestras casas como si de microondas se tratara (o los mismísimos microondas, previamente) o antes de que hiciera lo mismo con la telefonía móvil o las televisiones de última generación. Ah, pero ¿existió alguna vez una vida pre-Google? -se preguntarán los más jóvenes, esos que en ocasiones incluso creen que la leche procede del súper-. ¿Cómo se vivía sin las nuevas tecnologías? Bueno, siendo como somos, de los tiempos en los que en los colegios se hacía Pretecnología, igual que antes de que hubiera fútbol televisado a cualquier hora (en abierto o cerrado) o de que comenzaran las emisiones de T5; igual que antes de que llegaran a nuestras casas adelantos como el radiocasette o el teléfono fijo o de que ‘chatear’ dejara de significar salir de vinos por ahí: como lo hicieron aquellos a los que les tocó vivir revoluciones semejantes a lo largo de la historia, si nos ponemos trascendentes. Así pues, diremos que la vida con anterioridad a Google era… Distinta. Además, como ni se sabía qué era eso ni si alguna vez iba a llegar… Ni mejor ni peor. Diferente, y principalmente en lo que a intimidad respecta -pensándolo fríamente-, toda vez que, no lo olvidemos, además de las múltiples e innegables facilidades brindadas por la conocida aplicación, Google resta privacidad a las personas: esto último, para el gran público, la gran asignatura por explorar. Y es que creo que tanto Google como las nuevas tecnologías en general, además de con ratón, nos la dan con queso. Que vienen con gato encerrado: como otros dispositivos tan increíbles, accesibles para todos y popularizados a estas alturas de siglo como los teléfonos móviles o las redes sociales, los cuales, en nombre de estar ‘localizables’ o en ‘permanente contacto con los amigos’ se nos venden como lo más de lo más en lo que a comunicación y libertad respecta, cuando no son sino todo lo contrario. Los nuevos mecanismos de control. Los nuevos espías de nuestra presunta libertad. En resumidas cuentas, los nuevos grilletes del siglo XXI; y es que yo, con perfil en Facebook y teléfono móvil en el bolsillo, no seré quien niegue o reniegue de las ventajas derivadas de semejantes engendros del infierno, pero qué queréis que os diga; que mi jefe me pueda localizar fuera de mis horas de trabajo con sólo una llamada… ¡Maldita la gracia que me hace! O que con sólo introducir mi nombre en Google, mis ‘ex’ en general (ex novias, ex jefes, ex compañeros de trabajo, ex amigos… los más tentados de hacerlo siempre), puedan cotillear mi vida por la Red… para bien o para mal; o el hecho de que cualquiera, móvil en ristre, pueda sacarme una foto en estado de… incontrolada euforia, digámoslo así, y después, so pretexto de hacer la gracia, colgarla a la vista de todos con lo que dicha imagen puntual puede suponer de cara, por ejemplo, a la búsqueda de un trabajo; ¿qué creéis, que a la hora de estudiar perfiles los encargados de selección de personal no rastrean nuestras huellas por la Red? Que, en resumen, quien así lo desee pueda acceder libremente, con sólo un click, a nuestros grandes hechos y desechos, ¡qué faena, no! Así ha sido como he llegado a estas conclusiones, piensa mal y acertarás: que Google y demás, en realidad, nos controlan. Sí, y pese a que yo tenga muchísimas cosas que agradecer al célebre buscador, como poder realizar día a día mi trabajo de comentarista musical, por ejemplo. Bueno, a él, a san Google –tal y como lo denomino-, y a sus apóstoles santa Wikipedia y san Youtube, hasta el punto de que sin la existencia de dicha Trinidad difícilmente podría dedicarme a esto; siendo ello así, en caso contrario, ¿cómo saber de la vida y milagros de los diferentes artistas? ¿Cómo documentarme sin semejante ‘gran hermano’? Y es que, pese a que en gremios como el mío, el de la crítica musical, abunden los ‘sabelotodos’ (¿por qué creéis que quienes nos dedicamos a ello llevamos tan mala fama?) nadie sabe todo… Ni de todo; y el que diga lo contrario miente. Así pues, ¿Cómo hacerme una primera idea del artista al que voy a entrevistar, ir a ver actuar o a valorar su nuevo disco? ¿Como en la prehistoria, recurriendo vía teléfono fijo a quedar con el conocido, amigo o amigo del amigo experto en la materia? ¿Cómo? ¡Pues gracias al citado ángel de la guardia de la Red, chivato de los internautas por excelencia! Chivato por excelencia pero, no lo olvidemos, para bien… o para mal, toda vez que por algo ha puesto el sistema en nuestras manos semejantes herramientas: bajo la excusa de facilitarnos la vida, para fagocitarnos un poco más. Por algo han conseguido colar delante de nuestras narices, en nuestras casas, una pantalla o más vía ordenador, telefonía móvil o televisión interactiva: tal vez para que sea ella la que nos vea, más que al revés. Así pues ya sabéis, el ojo puede que te esté viendo, dándote gato por liebre. Espiándote. Estando Google y demás nuevas tecnologías de por medio, de ti depende cómo te vaya en esta feria: como todo en la vida, vamos. Aprovecha lo mejor posible el cebo de poder estar conectado o de acceder y disponer de cualquier información pero, de reojo, ojo avizor siempre. Mucho ojo…

ÓSCAR BEORLEGUI/EL PILOTO SUICIDA

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