martes, 6 de marzo de 2012

DEL PARTENÓN A LAS TORRES KIO, Ernesto Laguna



Escribir un libro es una empresa suicida, editarlo es una tarea romántica... que alguien lo lea es una quimera.

Ramón el bibliófilo se resiste a que el libro desaparezca, pero el ser humano es así de grotesco y paradójico; también entretenido: ¿es posible la vida humana sin libros? Evidente que sí. Antes de la imprenta, el libro no era más que patrimonio y preocupación de una minoría irrelevante, pajilleros de la época; después del ordenador, será superado el soporte papel (miremos el lado positivo: se ahorrarán muchas vidas vegetales inútilmente sacrificadas, como en su día se ahorraron al abandonar el pergamino las vidas animales) y más allá de la discusión meramente formal sobre qué es lo importante, si el contenido o su presentación, llegaremos a la literatura virtual. Simultánea la aparición del e-libro con la revolución del concepto de autoría, de los derechos diluidos e inaprehensibles del autor (mero vehículo de las ideas, instrumento y herramienta al servicio de un pensamiento que va más allá de quien los tiene en vida y más allá de su nombre tras la muerte).

Todos mis libros podrán encontrarse en e-libro, pero su edición tradicional (infinitamente más rica en términos sensibles) será una reliquia, casi exclusiva del museo (léase biblioteca) en el que agonizan los espíritus y sus estertores.

Es incontestable que el progreso está por encima de las voluntades de quienes lo sufren y/o quienes lo disfrutan; la historia lleva su carro... Siempre queda el refugio de la opinión estética, del subjetivo gusto por algo. Pero hay un hilo conductor, una metamorfosis (no evolutiva) que comunica el Partenón con las Torres Kio; lejos de cargar éticamente los gustos con apelativos de conservadurismo o progreso –sin matiz político alguno- la postvanguardia nos ha enseñado que ya no hay guerra porque no hay antítesis: el nuevo orden estético incluye su propia contradicción, lo que lleva al inmovilismo (aunque todo esté deliciosamente falseado y la falacia gobierne el mundo de las ideas). Como es necesario el metapensamiento y antes de éste el pensamiento mismo, desenmascarar el juego se hace imposible, puesto que el desierto es el único paisaje cuando se trata de sociología cerebral (la raíz puede encontrarse fácilmente en un estudio siquiera superficial de los planes pedagógicos).
 
ERNESTO LAGUNA
 
BLOG DEL AUTOR: ________YA LO PENSARÉ (http://ritualsombrio.blogspot.com)

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