miércoles, 15 de febrero de 2012

YO TENÍA UNOS G.I. JOES. Lucas Rodríguez Luis

 

Yo tenía unos G.I. Joes en una bolsa de plástico del corte inglés, había un ninja vestido de blanco uno que se parecía a robocop, un boina verde que tenía una M16 guapísima con mira telescópica y una mochila con una cuerda que terminaba en un gancho para descolgarse de los riscos. Recuerdo que mi madre me compró un coche que recordaba a los modelos de Mad-Max que era usado por unos macarras que debían de ser los enemigos de los G.I, Joes.

Luego, más tarde, parecieron los Cobra, que estaban más organizados y preparados tecnológicamente, pero a mí siempre me gustaron más los punketas, uno de ellos llevaba una ballesta de mano que se acoplaba a la muñeca, y el más rudo de todos ellos se llamaba “Puerko” y su arma principal era un bloque de hormigón atado a un palo, fantástico.

Cada uno tenía su historia y en cada envoltorio venía en el cartón impreso sus habilidades y características, todo un sueño para cualquier coleccionista. Todos ellos eran articulables de una forma que hasta entonces nunca se había dado en cualquier otro muñeco de plástico para niños. La pelvis se unía al tronco mediante una goma negra y ésta a un ganchito que tenía la otra mitad del cuerpo. Esto otorgaba una flexibilidad al muñeco bastante real, los brazos, hombros, codos y rodillas eran móviles también, el cuello (y no sólo el giro, sino también el balanceo) amén de tener unas manos en las que se podían poner cosas, armas, etc.

Recuerdo soñar con los catálogos de Gónlez (tienda de juguetes por excelencia en Logroño) en donde aparecían los más grandes vehículos y complementos, recuerdo haber pedido por correo el catálogo oficial pero nunca llegué a poseer, por ejemplo, el helicópero o el avión gigantesco de los Cobra, o el impresionante hovercraft de los buenos. Había muñecos que tenían animales en plan mascotas, un perro, un lince, un agila, hasta un cocodrilo.

Era el regalo típico de los cumpleaños, el precio exacto para gastarse con el amigo que te invitaba al Don Burger y a jugar después en el parque del Carmen a polis y cacos. Cuando te daban el paquete ya podías adivinar con la forma del mismo de qué se trataba, el tamaño de cartón, la capsula cuadrada de plástico que contenía al muñeco y sus respectivas armas…

Al final la bolsa del corte inglés con mi colección de G.I. Joes la heredó mi primo que siguió disfrutando de ellos mientras yo me dedicaba a intentar comprender a las niñas de mi edad. Recuerdo que sacaron versiones más modernas con nuevos diseños pero jamás superaron a los originales, los más modernos parecían menos originales. Hoy, primero en google y al final en ebay, he encontrado al ninja blanco dentro de su envoltorio en una tienda estadounidense por 4500 dólares 1983-1985 decía... Impagable fueron las horas que disfruté en mi niñez.

LUCAS RODRÍGUEZ LUIS

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