sábado, 3 de marzo de 2012

1986: EL COJO MANTECA EN PAMPLONA. Patxi Irurzun





Por aquel tiempo bebíamos litronas y, algún sábado, pillábamos chocolate. Aunque todavía no frecuentábamos los bares a veces entrábamos en uno de ellos, cerca de la Plaza San Francisco, donde siempre había unos vejetes con pintas de bohemios jugando al ajedrez con el Cojo Manteca, que se haría célebre en las revueltas de estudiantes de aquel año.
El Cojo Manteca no tenía en absoluto aspecto agresivo, allá sentado en su silla de ruedas, con la cicatriz en su cabeza afeitada y dándole vueltas al siguiente jaque mate. Precisamente entrábamos a aquel bar porque ni él ni los vejetes apartaban la mirada del tablero mientras trapicheaban. Eran como máquinas de tabaco: echabas la moneda y ellos te devolvían, fría e impersonalmente, el costo.
Salíamos pronto de casa. Nos citábamos hacia las cinco o las seis, comprábamos unas litronas y nos sentábamos a beberlas en las escaleras de la Biblioteca. Era un lugar agradable. Nadie te molestaba, tal vez porque en la plaza no resultaba extraño ver a media docena de alcohólicos trasegando tetra-bricks de vino, cantando y hablando con su mala sombra, o con yonkis mendigando duros "para un bocadillo, tronco", decían, aunque nunca se les veía comer, sólo arrastrarse como cadáveres sobre sus piernas como palitos. Y junto a ellos estudiantes que hacían un alto para fumarse un cigarrillo, vecinos paseando al perro, jugando con los niños...
La Plaza de San Francisco era como un cuartito de estar en el que nos dejaban entrar sin pedir permiso y donde a cambio, nosotros, desagradecidos, nos tomábamos algunas libertades, como colocar los pies sobre la mesa camilla, o vomitar sobre la alfombra...
Mientras bebíamos las litronas en las escaleras de la Biblioteca discutíamos. Las conversaciones surgían espontaneamente, saltaban como chispas, y luego iban tomando cuerpo, convirtiéndose en resplandecientes llamaradas que prendían fuego a aquel mundo de mierda. Pensábamos que tal vez éste funcionara mejor si los grandes hombres celebraran las cumbres en las que decidían el rumbo de la humanidad sentados en el banco de cualquier parque, en las escaleras de un portal, si tomaran las decisiones en ese momento de clarividencia en la frontera entre lucidez y melopea.
A veces, tras vaciar las litronas, íbamos a los bares, casi siempre al mismo, uno de la calle Jarauta. Ponían a Eskorbuto, y a Hertzainak, y a los Cika, , había gente de nuestra edad y la cerveza estaba barata. Nos sentábamos en una mesa, o amoldábamos el costado a la barra. Pasaban las chicas y les mirábamos. De repente, al fondo se veía gente que entraba asustada. Aparecían dos cascos blancos. Encendíamos un cigarrillo y le dábamos un trago a la cerveza. Ellos sacaban a los que no bebían; o a los que jadeaban, se les aceleraba el pulso; a cualquiera. Les hacían el pasillo y a veces se llevaban a alguno detenido. Entonces, cuando se iban, salíamos a la calle y les tirábamos piedras a las furgonetas. Sabíamos que al día siguiente los periódicos hablarían de disturbios provocados por “los de siempre” pero para nosotros “los de siempre” eran ellos.
El Cojo Manteca también tiraba piedras, en Madrid, se había levantado de su silla de ruedas y rompía con las muletas los cristales de las cabinas telefónicas. Mientras tanto algunos estudiantes a los que nadie sabía exactamente quien había elegido se reunían con el ministro y firmaban papeles. Jesús Quintero, El Loco de la colina, invitaba al Cojo Manteca a su programa, le pasaba cubatas y cigarrillos. El Cojo Manteca se levantaba en mitad de la entrevista y decía "me voy a mear". Era todo cuanto quedaba de aquellas revueltas de estudiantes. Aquí, nosotros seguíamos tirando piedras. Después volvíamos al bar . Ponían una de Kortatu o de los "Barri" o de La Polla. Las chicas nunca nos miraban al pasar. Pedíamos más cerveza. Así todos los sábados.


PATXI IRURZUN
BLOG DEL AUTOR: AJUSTE DE CUENTOS

8 comentarios:

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  3. Un valiente anónimo ha dejado un par de comentarios, por llamarlos de algún modo, insultantes, por lo que por primera vez en este blog, hemos decidido suprimirlos. En nuestra casa nadie viene a mearse en la alfombra.

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  4. Siempre es asi en una ciudad condenada por aquellos que tratan de salvarla...

    En el 86 entraban al bar a enseñar educación para la ciudadanía a patadas y gritos.
    En el 2012,el siglo siguiente, entran en vuestro bar virtual haciendo lo mismo.


    Y es que Pamplona será siempre ciudad fronteriza...

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  5. Cuál era el bar de la calle Jarauta?

    El del olor a cerveza y serrín?

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  6. Podían ser varios, Lacalle, Katu, Viana, o una mezcla de todos

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  7. Jon Manteca era un gran jugador de ajedrez, yo soy uno de esos vejetes bohemios con los que jugaba......alado del bar Jarauta...

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  8. Hola, me gustaría contactar con el autor de la fotografía, para un posible uso editorial. Sabes de dónde ha salido esa foto? Gracias!

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